Los ojos de Cristo

Lectura Marcos 5:1-20

Y al ver [Jesús] las multitudes, tuvo compasión de ellas… – Mateo 9:36

Estábamos esperando para comprar unos helados cuando lo vi. Su rostro mostraba las marcas de demasiadas peleas: una nariz rota y algunas cicatrices. Tenía la ropa arrugada, pero limpia. Me paré entre él y mis hijos, y usé mi espalda para levantar una pared.

La primera vez que habló, no entendí lo que dijo y simplemente asentí con la cabeza, por cortesía. Casi ni lo miré a los ojos. Como mi esposa no estaba, pensó que era padre soltero, y amablemente dijo: «Es difícil criar hijos solo, ¿no?». Algo en su tono de voz hizo que me diera vuelta para mirarlo. Solo entonces, noté que estaba con sus hijos, y me contó que su esposa había muerto hacía mucho tiempo. Sus palabras suaves contrastaban con su tosco aspecto.

¡Fue una lección para mí! De nuevo, no había observado más allá de las apariencias. Jesús también se encontró con personas cuyo aspecto podría haberlo alejado, incluso el endemoniado del que habla el pasaje de hoy (Marcos 5:1-20). Sin embargo, Él veía las necesidades del corazón y las suplía.

Cristo siempre nos mira con amor, aunque tengamos cicatrices del pecado y una naturaleza estropeada que afecta nuestra fidelidad. Quiera Dios ayudarnos a reemplazar nuestra arrogancia con el corazón amoroso del Señor.

Randy Kilgore

Fuente: Nuestro Pan Diario

 

Riquezas del alma

Lectura: Proverbios 30:1-9

… No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario. – Proverbios 30:8

Con la esperanza de ganar un premio récord de 640.000.000 de dólares, los norteamericanos gastaron unos 1.500.000.000 para comprar billetes de lotería para un sorteo interestatal a principios de 2012. Las posibilidades de ganar eran la sombrosa cantidad de 1 en 176.000.000, pero la gente formaba fila en los supermercados, las gasolineras y las cafeterías para comprar una chance de enriquecerse. Algo en nuestro interior nos hace pensar que el dinero resolverá los problemas y mejorará nuestra vida.

Un personaje de la Biblia llamado Agur tenía una perspectiva diferente sobre las riquezas cuando le pidió a Dios que le otorgara dos peticiones antes de morir.

En primer lugar, solicitó: «Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí» (Proverbios 30:8). La integridad es clave para vivir sin ansiedad. Cuando no tenemos nada que esconder, tampoco hay nada que temer. El engaño esclaviza, pero la honestidad libera. Segundo, declaró: «No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario» (v. 8). La satisfacción brota al confiar en la provisión de Dios y aceptar con gratitud lo que Él nos proporciona. Al hablar del Creador, Agur señaló que el Señor «… afirmó todos los términos de la tierra […]. Él es escudo a los que en él esperan» (vv. 4-5).

La integridad y el contentamiento son riquezas del alma al alcance de todos. A nuestro Señor le agrada conceder esos tesoros a todos los que le piden.

David C. McCasland

Fuente: Nuestro Pan Diario

 

Clamar a Dios

Lectura:  Salmo 142

… sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego… —Filipenses 4:6

Después de todos estos años, todavía no entiendo por completo el tema de la oración. Me resulta un misterio. Pero sí sé una cosa: cuando estamos desesperadamente necesitados, la oración brota con naturalidad de nuestros labios y de lo más profundo de nuestro corazón.

Cuando estamos muertos de miedo, más allá de lo que podemos soportar, fuera de lo acostumbrado y con nuestro bienestar en peligro o amenazado, recurrimos a la oración de manera involuntaria e instintiva. Nuestro clamor natural es: «¡Señor, ayúdame!».

El autor Eugene Peterson escribió: «El lenguaje de la oración se forja en el crisol de la dificultad. Cuando no podemos ayudarnos solos y clamamos por ayuda, cuando no nos gusta dónde estamos y queremos escapar, cuando nos desagrada quiénes somos y deseamos cambiar, usamos expresiones básicas que se convierten en el lenguaje esencial de la oración».

La oración empieza con los problemas, y continúa porque siempre tenemos alguna clase de dificultad. No exige ninguna preparación especial, vocabulario exacto ni postura apropiada, sino que brota cuando enfrentamos necesidades y, con el tiempo, se convierte en una respuesta habitual para toda situación (buena o mala) de esta vida (Filipenses 4:6). ¡Qué privilegio es llevar todo a Dios en oración!

David H. Roper

Fuente: Nuestro Pan Diario

Puedes servirte

Lectura: Salmo 146

Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios. —Salmo 146:5

Hace poco, vi una publicidad en televisión de una cadena de restaurantes con una declaración dramática: «Sírvete felicidad». ¿No sería bueno que un plato de patatas, carne, pasta o postre fuera todo lo necesario para ser feliz? Por desgracia, ningún restaurante puede cumplir esa promesa.

La felicidad es esquiva… como podemos verlo en casi todas las áreas de la vida. Nuestra búsqueda por alcanzarla puede incluir la comida o muchas otras cosas, pero al final, sigue escapándose de nuestras manos.

¿Por qué? En gran medida, porque lo que tendemos a perseguir no suple las necesidades más profundas de nuestro corazón. Quizá brinde regocijo, distracción o placer momentáneos, pero no responde a nuestro clamor interior: un pedido desesperado de ayuda. Por esta razón, el salmista nos indica un camino mejor: «Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios» (Salmo 146:5).

¿Puedes servirte? Sí, si estás buscando la felicidad que está en el Señor. Solo cuando nos encomendamos a Dios y a su cuidado, podemos hallar la felicidad que buscamos. Únicamente al confiar en Él, encontramos esperanza y ayuda.

Bill Crowder

Fuente: Nuestro Pan Diario

 

Cuando entra el temor

Lectura: Salmo 56

En el día que temo, yo en ti [Dios] confío. —Salmo 56:3

Cuando mi hija gritó: «¡Mamá, un bicho!», miré hacia donde señalaba y vi la araña más grande que he visto fuera de una tienda de mascotas. Tanto la araña como yo sabíamos que no le permitiría quedarse en nuestra casa. Sin embargo, cuando la enfrenté, descubrí que no podía dar ni un paso para poner fin a la confrontación. Se me aceleró el pulso, tragué saliva y me dije algunas palabras de aliento. Aun así, el miedo hizo que no pudiera moverme ni un centímetro.

El temor es poderoso, y puede superar la lógica del pensamiento y generar una conducta irracional. Gracias a Dios, los creyentes no tienen por qué permitir que el miedo (a las personas, las situaciones o, incluso, las arañas) gobierne nuestras acciones. Podemos declarar: «En el día que temo, yo en ti [Dios] confío» (Salmo 56:3).

Adoptar esta postura contra el miedo es coherente con la instrucción bíblica que expresa: «Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia» (Proverbios 3:5). Nuestra perspectiva puede inducirnos a sobreestimar el objeto que nos asusta y a subestimar el poder de Dios. Cuando tenemos miedo, podemos depender de la perspectiva divina (Isaías 40:28) y confiar en que su amor por nosotros «echa fuera el temor» (1 Juan 4:18). La próxima vez que el miedo trepe a tu vida, no entres en pánico. Dios es confiable aun en la oscuridad.

Confiar en la fidelidad de Dios disipa nuestro temor.

Jennifer Benson Schuldt

Fuente: Nuestro Pan Diario

El Legado

Lectura: Colosenses 3:8-17

Vestíos, […], santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. —Colosenses 3:12

Un día, mi esposa me llamó al trabajo y dijo: «Algo pasa en la casa de al lado. Está lleno de autos». Como conocía la ocupación de mi vecino, temí lo peor, lo cual se confirmó de inmediato. Mientras cumplía su deber, Trevor Slot, que era policía, había sido asesinado al tratar de detener a dos ladrones que escapaban de un banco. Nuestra comunidad quedó atónita.

Trevor no tuvo tiempo de prepararse para morir; sin embargo, estaba listo. Su fe en Cristo era firme y su reputación de hombre sobresaliente estaba intacta. En su funeral, al que asistieron cientos de policías, su colega, el detective Brandyn Heugel declaró: «Era un oficial dedicado a su trabajo, pero primero y principal, fue un marido que amaba a su esposa Kim y que adoraba a sus hijas Kaitlyn y Abbie». En verdad, el tema central de los elogios a Trevor fue su gran personalidad, y su amor y preocupación por su familia.

Su vida ejemplificó las palabras de Colosenses 3:12-13: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros…». Estas características dejan un legado inspirador.

No sabemos cuándo Dios nos llamará a nuestro hogar celestial, pero sí estamos seguros de esto: cada día es una oportunidad para dejar un testimonio digno de nuestra fe.

Cada día agregamos a nuestro legado… algo bueno o algo malo.

Dave Branon

Fuente: Nuestro Pan Diario

Dar gracias

Lectura: 1 Tesalonicenses 5:16-19

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. – 1 Tesalonicenses 5:18

Durante el invierno, en Lansing, Michigan, no tenemos muchos días soleados, pero el año pasado, Dios nos bendijo con una de esas jornadas hermosas. Sin embargo, parecía que casi todos estaban dándole gracias al Señor, excepto yo. Cuando salí de la oficina, un hombre dijo: «Qué día hermoso tenemos. ¡Es un regalo de Dios!». Ante lo cual respondí: «Sí, pero vamos a tener nieve para el fin de semana». ¡Qué ingrato!

En sus cartas, el apóstol Pablo ayudaba a sus lectores a desarrollar la teología del agradecimiento. Habló de la gratitud más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento. De las 23 veces que usó el término, aprendemos algunas lecciones sobre la acción de gracias.

El agradecimiento siempre iba dirigido a Dios y nunca a la gente. Las personas eran regalos divinos, y Pablo daba gracias al Señor por el crecimiento, el amor y la fe de ellas (1 Corintios 1:4; 1 Tesalonicenses 1:2).

La acción de gracias se ofrece con respecto a todas las cosas por medio de Jesucristo (Colosenses 3:15, 17). Pablo estaba convencido de que los seguidores de Cristo podían agradecer por todo porque Dios es soberano y porque obra para beneficio de los creyentes (1 Tesalonicenses 5:18).

Que el Señor nos ayude a tomar conciencia de todas las dádivas divinas que nos rodean y a ser agradecidos. Ante esas cosas, es natural decir: «Gracias, Señor».

La gratitud es una respuesta natural a la gracia de Dios.

Marvin Williams

Fuente: Nuestro Pan Diario