El plan de Dios; no el nuestro

Lectura: 1 Samuel 4:1-11
Diré yo al Señor: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré —Salmo 91:2

Todos estaban equivocados respecto al arca del pacto (un objeto del tabernáculo que representaba el trono de Dios). Después de perder una batalla contra los filisteos, Israel envió mensajeros a Silo para pedir que el arca fuese transportada a Eben-ezer, el lugar donde acampaba el ejército.

Cuando llegó el arca, los israelitas celebraron con tanto fervor que, a lo lejos, en Afec, el enemigo llegó a oírlos. La llegada del arca hizo que los filisteos temieran y que los israelitas cobraran valor.

Ambos estaban equivocados. Los israelitas llevaron el arca a la batalla y volvieron a caer aplastados por los filisteos, los cuales la capturaron. Otro error. Los filisteos se enfermaron y sus dioses fueron destruidos.

Podemos entender el error de los filisteos, ya que adoraban a los ídolos, pero los israelitas tendrían que haber sido más sabios. No consultaron a Dios en cuanto a cómo usarla. Si bien sabían que, anteriormente, el arca se había llevado a las batallas (Josué 6), no consideraron que lo que hizo que Israel derrotara a Jericó no fue la participación del arca, sino el plan de Dios.

Independientemente de los recursos que tengamos, fracasaremos a menos que los usemos según el plan divino. Estudiemos la Palabra de Dios, oremos pidiendo su dirección y confiemos en su guía (Salmo 91:2) antes de lanzarnos a cualquier aventura de fe.

—JDB

Nosotros vemos en parte; Dios ve la totalidad.
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